Las inyecciones de GLP-1 pueden ayudar a perder una cantidad considerable de peso, pero, una vez que se deja de utilizarlas, muchas personas vuelven a ganar peso. Esto se debe a que el tratamiento con GLP-1 tiene un efecto temporal, mientras que la obesidad es una enfermedad crónica. Por tanto, al finalizar el tratamiento puede reaparecer la tendencia subyacente a sentir hambre y tener antojos.

Sin embargo, existen algunas medidas que pueden ayudar a mantener el peso perdido, como reducir gradualmente la dosis, mantener una alimentación rica en proteínas y continuar con el entrenamiento de fuerza.

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¿Por qué aumenta el hambre después de dejar las inyecciones para perder peso?

Después de dejar de utilizar las inyecciones para perder peso, el hambre suele regresar y puede percibirse con mayor intensidad que antes. Esto ocurre porque las inyecciones de GLP-1 aumentan la sensación de saciedad y reducen los antojos y el apetito. Al interrumpir el tratamiento, estos efectos desaparecen progresivamente.

Los cambios no se perciben de inmediato, ya que el medicamento tarda un tiempo en eliminarse por completo del organismo. El proceso es gradual, pero, cuando el hambre empieza a regresar, puede resultar difícil de controlar.

Cambios hormonales

El GLP-1 es una hormona que interactúa con el cerebro y el aparato digestivo para generar sensación de saciedad. Lo hace mediante diferentes mecanismos, entre ellos la reducción de los niveles de grelina, conocida como la hormona del hambre.

La grelina envía señales al cerebro cuando el estómago está vacío, indicando la necesidad de comer, de ahí que se la conozca como la hormona del hambre. Los niveles elevados de GLP-1 reducen los niveles de grelina, lo que contribuye a disminuir el apetito y a aumentar la sensación de saciedad.

Otra hormona importante en este proceso es la leptina, que contribuye a regular el hambre disminuyendo el apetito y favoreciendo la sensación de saciedad. El GLP-1 potencia los efectos de la leptina, reforzando así el efecto general sobre la reducción del apetito.

Al dejar el tratamiento con GLP-1, desaparece su efecto inhibidor sobre la grelina. Como consecuencia, los niveles de grelina vuelven a sus valores habituales y aumenta el hambre. Del mismo modo, también disminuye la potenciación del efecto de la leptina sobre el apetito. Este aumento del hambre puede percibirse con especial intensidad porque el organismo se ha acostumbrado a unos niveles de grelina más bajos durante el tratamiento con GLP-1, haciendo que la sensación de hambre parezca mayor de lo que realmente es.

Cambios gástricos

El retraso del vaciamiento gástrico es uno de los mecanismos mediante los que los medicamentos GLP-1 contribuyen a la pérdida de peso. Estos medicamentos hacen que los alimentos salgan del estómago más lentamente, permanezcan en él durante más tiempo y aumente así la sensación de saciedad.

Esto se produce mediante señales que ralentizan los movimientos naturales del estómago y, al mismo tiempo, actúan sobre el cerebro reduciendo el apetito. Cuando se interrumpe el tratamiento con GLP-1, estos efectos desaparecen y la motilidad del estómago vuelve a sus niveles habituales.

Al pasar los alimentos del estómago al intestino con mayor rapidez, puede aumentar la sensación de hambre. Estos cambios también pueden producirse relativamente rápido, por lo que el consiguiente aumento del apetito puede resultar especialmente perceptible o poco habitual.

Vuelve el «ruido alimentario»

El término «ruido alimentario» (food noise) se utiliza para describir pensamientos persistentes o intrusivos relacionados con la comida, como pensar en qué se va a comer después mientras todavía se está comiendo o tener antojos incluso sin sentir hambre físicamente.

Es diferente del hambre física: una persona puede sentirse físicamente saciada y, aun así, seguir teniendo ganas de comer.

Los medicamentos GLP-1 parecen reducir los antojos y la carga mental relacionada con la comida en muchas personas. Actúan sobre las áreas del cerebro implicadas en el apetito y el sistema de recompensa, además de retrasar el vaciamiento gástrico y aumentar la sensación física de saciedad.

Cuando se deja de utilizar un medicamento GLP-1, el apetito y los antojos pueden reaparecer a medida que desaparece su efecto. Muchas personas refieren una menor apetencia por los alimentos ultraprocesados y el alcohol durante el tratamiento con GLP-1. Sin embargo, al desaparecer el efecto del medicamento, estos alimentos y bebidas pueden volver a resultar apetecibles. Esto puede dificultar el mantenimiento del peso perdido y contribuir a recuperar parte del peso.

¿Qué dicen los estudios?

Los estudios muestran que la recuperación de peso puede comenzar poco después de interrumpir los medicamentos GLP-1. Algunos han observado un aumento significativo del peso tan pronto como ocho semanas después. Un año después de finalizar el tratamiento, puede recuperarse hasta un 60 % del peso perdido, aunque la cantidad varía en función de cada persona y del medicamento utilizado.

Por ejemplo, tras interrumpir el tratamiento con semaglutida (Wegovy), los participantes de un estudio habían recuperado, de media, alrededor de un 11,6 % de su peso corporal un año después de finalizar el tratamiento, tras haber perdido aproximadamente un 17,3 % de su peso corporal durante el mismo. Con tirzepatida (Mounjaro), la recuperación del peso llegó hasta el 25 %.

Sin embargo, esto no significa necesariamente que la semaglutida sea una opción mejor que la tirzepatida simplemente porque se recupere menos peso. Por lo general, con tirzepatida se consigue una mayor pérdida de peso debido a su doble mecanismo de acción, lo que podría contribuir a que posteriormente el porcentaje de peso recuperado sea mayor.

También existen otros factores que influyen en la recuperación del peso, como los cambios en el estilo de vida después de finalizar el tratamiento y los niveles de hambre y apetito.

¿Qué se puede hacer para evitar que vuelva el hambre?

Aunque muchas personas recuperan peso después de interrumpir el tratamiento con GLP-1, otras consiguen mantener el peso perdido.

  • Reducir gradualmente la dosis: el profesional sanitario le acompañará durante el proceso de pérdida de peso, incluso cuando llegue el momento de finalizar el tratamiento. Una de las medidas que puede adoptar es reducir gradualmente la dosis en lugar de interrumpir el medicamento de forma brusca. Esto puede ayudar al organismo a adaptarse a dosis más bajas mientras se mantienen las rutinas de ejercicio y alimentación, facilitando la continuidad de unos hábitos de vida saludables.
  • Consumir alimentos ricos en proteínas y realizar entrenamiento de fuerza: es recomendable mantener una alimentación rica en proteínas e incorporar el entrenamiento de fuerza a la rutina habitual. Estas medidas deben formar parte de un estilo de vida saludable y pueden ayudar a evitar la recuperación del peso perdido.
  • Considerar la terapia cognitivo-conductual (TCC): puede resultar especialmente útil cuando existe un nivel elevado de «ruido alimentario». El ruido alimentario no es una sensación física, sino un conjunto de pensamientos que puede influir en la relación con la comida. Trabajar estos pensamientos y modificar determinados patrones de conducta puede ayudar a gestionar los hábitos alimentarios de manera más eficaz.
  • Controlar la ingesta de calorías: algunas personas también pueden beneficiarse de llevar un registro de las calorías que consumen. Registrar los alimentos puede ayudar a ser más consciente de la cantidad ingerida y a evitar comer en exceso de manera involuntaria.
  • Mantener una hidratación adecuada: beber agua a lo largo del día ayuda a mantener una hidratación adecuada y puede aumentar temporalmente la sensación de saciedad.